Usar casco de ciclista te vuelve más temerario, confirma estudio

PxHere

Psicólogos alemanes han descubierto que usar casco de ciclista está asociado con una mayor aversión al riesgo aun en situaciones no relacionadas con la conducción de una bicicleta. Para hacer esto, realizaron un experimento EEG, durante el cual los participantes (con o sin casco) tuvieron que jugar un juego de cartas, haciendo apuestas riesgosas o relativamente seguras. Los participantes en cascos eligieron con mayor frecuencia opciones arriesgadas, escriben los científicos en la revista Psychophysiology.

Para garantizar su propia seguridad, se recomienda a los ciclistas usar un casco de seguridad. Según los metanálisis, la medida es realmente efectiva y reduce el riesgo de lesiones cerebrales, así como de muerte, en varias ocasiones.

Sin embargo, algunos estudios indican que el uso de un casco (así como otros tipos de protección) aumenta la probabilidad de un comportamiento arriesgado. En otras palabras, un ciclista que usa un casco se sentirá más seguro, debido a que, por ejemplo, puede ir a mayor velocidad que un ciclista sin casco, lo que puede aumentar el riesgo de lesiones.

Tal fenómeno se llama "compensación de riesgo", y puede extenderse no solo en situaciones en las que el casco realmente tiene algún beneficio práctico. Por ejemplo, un estudio realizado en 2002 mostró que las personas con casco de bicicleta corren un gran riesgo al tomar decisiones en un juego de computadora normal. Aunque, las razones de este efecto, especialmente desde el punto de vista de la neurofisiología, son poco conocidas.

Más riesgo

Ahora, los científicos bajo el liderazgo de Barbara Schmidt de la Universidad de Jena decidieron averiguar esa relación. En su estudio participaron 40 personas que jugaron un juego de cartas por computadora. En cada etapa del juego, era necesario elegir una de las dos cartas, y cada valor (había dos en total: un rombo y un cuadrado) recibió una cierta recompensa.

Antes de que el participante eligiera una tarjeta, se le informó de las ganancias estimadas que recibiría si recibiera la tarjeta correcta. Entonces, había dos opciones para distribuir la recompensa entre las tarjetas. La primera opción era que, si recibía una tarjeta con un cuadrado, recibía 11 centavos, y si recibía otra, nada. La segunda, decía que la recompensa por cada tarjeta era diferente (seis y cinco centavos, siete y cuatro centavos, y así sucesivamente). En consecuencia, la primera versión del juego era más arriesgada: con la máxima ganancia posible, el participante se arriesgaba a no ganar nada.

Durante el experimento, la actividad cerebral de los participantes se midió mediante electroencefalografía. En particular, los científicos se centraron en la actividad de los lóbulos frontales en el rango theta (de 4 a 6 Hertzios), un indicador del rendimiento del control cognitivo.

Durante el experimento, la mitad de los participantes usaron un casco de bicicleta sobre la tapa del EEG, y para evitar el efecto primado, se usó un casco sobre el casco: se informó a los participantes del grupo con cascos que los científicos también registrarían los movimientos oculares. Además, todos los participantes completaron cuestionarios sobre ansiedad, aversión al riesgo y con qué frecuencia andaban en bicicleta (con o sin casco).

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Participante con gorro de electrodo (izquierda, grupo de control) y participante con gorro de electrodo, gorro de ducha y casco de bicicleta (derecha, grupo de casco)
Barbara Schmidt et al. / Psychophysiology, 2019

Los resultados

Los científicos descubrieron que los participantes que usaban el casco eligieron la opción más riesgosa, en el 49% de los casos; mientras que los participantes del grupo de control eligieron solo el 26%.

En cuanto a la actividad cerebral, la actividad de los lóbulos frontales en ritmo theta de los participantes que usaron un casco durante el experimento también fue más baja: esto, según los científicos, indica que su control cognitivo fue más bajo, lo que, a su vez, llevó a la preferencia por opciones más riesgosas.

Los autores del trabajo aclaran que hicieron todo lo posible para que los participantes en el estudio no adivinaran el significado real del experimento antes y durante su aprobación, así como por qué usaban un casco de bicicleta. Aclaran que, después de contarles a los participantes sobre los objetivos del experimento, todos se sorprendieron: ni siquiera sabían por qué se usaron realmente el casco.

A menudo, una disminución en el control cognitivo es un síntoma de una enfermedad mental, como el trastorno obsesivo compulsivo y la depresión. Recientemente, los investigadores han aprendido cómo restaurarlo de manera efectiva: demostraron que la estimulación profunda de la cápsula cerebral interna aumenta la actividad de la corteza frontal en el rango theta.


Victor Román
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

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