La cultura: etimología, historia y conceptos

Esta niña indígena boliviana, al igual que la mayoría de latinoamericanos, recibe educacción pública de corte occidental. / Pixabay

¿Qué nos define? ¿Qué características y costumbres tenemos? ¿Y cómo debemos entender un concepto permanentemente cambiante como es la cultura, especialmente en tiempos de cambios acelerados? Intentaremos, a partir de lo que se ha escrito sobre este concepto, comprender su origen, definirla, comprenderla, entender de una mirada general qué tipo de culturas existen y explicar sus implicancias en tiempos contemporáneos.

 

Definiendo la cultura

Para empezar, debemos saber que el concepto es amplísimo y está sujeto a distintas interpretaciones. En su libro Culture, A Critical Review of Concepts and Definitions (1952), Clyde Kluckhohn y Alfred Louis Kroeber, reunieron 164 definiciones distintas de la palabra.

Sus orígenes pueden datar del siglo II a.C., cuando Catón el Viejo escribe su manual De Agri Cultura, dirigido a un público de granjeros sobre el cultivo de la tierra. Etimológicamente hablando, la palabra cultura en español viene de cultus en latín (que a su vez significa cuidado del campo o ganado, y también culto a los dioses) y se remonta a la raíz indoeuropea kwel- sin pasar por el griego. Se puede argumentar que el vocablo comparte origen con una serie de palabras relacionadas con promover el crecimiento o nacimiento de algo, como agrícola, colono o cultivo.

Algunos pensadores le atribuyen a Cicerón una definición temprana de cultura. En sus Disputas tusculanas (45 a.C.), el ilustre romano, afirmó que “el espíritu, como la tierra, necesita cultivo; y que la filosofía es eso: cultura autem animi philosophia est, la filosofía es el cultivo del espíritu”. Pero esta no era una definición de cultura, sino de filosofía.

Parafraseando a Gabriel Zaid, en Mil Palabras, “la cultura (en latín) era el cultivo de la naturaleza, su transformación en algo humanamente habitable, bajo la protección de los dioses; y también el culto de los dioses y el desarrollo de las facultades humanas”.

Este, en definitiva, el primer concepto de cultura el que prevalece, con ciertos matices. “La cultura como libertad que crece, gracias a las grandes obras literarias, musicales y visuales (…), la que se hace personalmente, tanto el momento de creación, como en el momento de recrearlos y recrearse leyéndolos, escuchándolos, viéndolos”, expresa el autor.

Una de las definiciones más completas del siglo pasado es la del antropólogo británico Edward Burnett Tylor, quien en El concepto de cultura: textos fundamentales define la cultura como “un complejo conjunto que incluye los conocimientos, las creencias, el arte, la moral, las leyes, los sistemas de producción y distribución de la riqueza, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el ser humano como miembro de una sociedad”.

Si por costumbres y en sentido lógico, actos, incluimos cultura, estamos hablando de lo bueno y de lo malo: la deforestación de la Amazonía es cultural, puesto que es consecuencia de la agricultura indiscriminada, valga la redundancia.

Se puede argumentar que la cultura es tan longeva como la humanidad misma: desde que el sapiens empezó a ocupar los espacios naturales, empezó el inicio del fin de los paisajes prístinos, y empezó la historia de los paisajes culturalmente formados, como reseñaría el palinólogo Knut Faegri.

Para la Unesco, “la cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias y que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden”.

Más allá de todo lo relacionado al sello cultural que le da a cualquier espacio natural la propia modificación humana, el máximo organismo para la educación, la ciencia y la cultura acierta ampliamente en el señalamiento del ser humano como un “proyecto inacabado”, mientras que un amplio rango de definiciones falla en subrayar la naturaleza perennemente móvil del concepto de cultura.

Pese a que el cambio es inevitable, al ser la característica inherente de la historia del universo y de la humanidad, el pasado, para este organismo internacional, debería ser respetada y preservada. Por ello, está entre sus mandatos identificar, proteger y conservar la herencia cultural y natural. Los monumentos, construcciones y sitios históricos están en el espectro de elementos protegidos, de acuerdo a la Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural, adoptada en 1972.

Una definición similar a la de la Unesco podemos encontrar en la concepción del Concilio Vaticano II y otras tantas, aunque en el caso de Claude Levi-Strauss (1979), Leslie White (1959), y Kroeber y Kluckhohn (1952) también podemos encontrar alusiones al poder de los símbolos dentro del concepto de cultura.

 

Alta Cultura

En el uso cotidiano, sin embargo, también empleamos la palabra cultura haciendo alusión a un concepto totalmente distinto, aunque relacionado, que se refiere al cultivo, conocimiento o buen gusto por las distintas manifestaciones artísticas, principalmente la música, las artes plásticas, el teatro, la literatura entre otras expresiones relacionadas o el conocimiento de las humanidades.

Se suele usar las expresiones “es una mujer importante y de gran cultura” o “no creo que haya mucha cultura en un pueblo tan pequeño” en alusión precisamente a este último significado, con connotación favorable hacia quien la posee, y desfavorable para quien carece de ella.

Se podría establecer una relación con la concepción de la carencia de cultura para los romanos, o la falta de paideia (educación) para los griegos. Este analfabetismo era solamente atribuible a los bárbaros, o los pueblos que rodeaban las periferias de los imperios o poblaban las lejanías, fuera de la civilización y que no hablaran el idioma oficial. El barbarismo, lo opuesto a la cultura, es una palabra que proviene de la onomatopeya del balbuceo infatil baba (y da origen a otras palabras como balbuceo o bobo).

Volvamos, sin embargo, al concepto de cultura, y dejemos atrás el de la “alta cultura”.


Mujer vietnamita / Pixabay

 

Distinción de ciertas culturas

Desde el origen de los tiempos, las culturas se han ido dividiendo por características geográficas, éticas y de tradiciones marcadas.

Una distinción cultural bastante sencilla es la que propone Kim Ann Zimmermann en este artículo de LiveScience, basada en especiales de la Universidad Khan, la escuela digital PBS y la Universidad de Colorado:

▶ Cultura occidental: define a países europeos o influenciados por la inmigración europea, como los EEUU. Tiene sus raíces en el Período Clásico Greco-Romano y en el auge de la Cristianidad en el siglo XIV. Otras influencias fuertes provienen de los grupos étnicos y linguísticos latino, celta, germánico y helénico. Las influencias de la cultura occidental se ven en casi todos los países del mundo.

Cultura oriental: se refiere a las normas sociales de países en el Lejano Oriente asiático (China, India, Japón, entre otros). Estuvo influenciada por la religión y el cultivo del arroz. En general, en la cultura oriental hay mens distinción entre la sociedad secular y la filosofía religiosa que en Occidente.

▶ Cultura latina: se le considera de esta cultura a muchas de las naciones de habla hispana, a aquellas partes de América Central, América del Sur y México donde se habla español o portugués. Si bien España y Portugal se encuentran en el continente europeo, son los principales influyentes en la creación de dicha cultura. Pertenecen a aquella, principalmente, las personas que usan idiomas derivados del latín, también conocidos como lenguas romances.

Cultura del Medio Oriente: abarcando aproximadamente 20 países, tienen en común el idioma árabe, pero tienen una gran variedad de dialectos. La religión es otra cosa que tienen en común estos países, que son a la vez la cuna de religiones como el judaísmo, el cristianismo y el islam.

▶ Cultura africana: localizada en la región donde hace 120.000 años se originó la humanidad, África es multidiversa. Nigeria sola tiene más de 300 tribus. Actualmente, se divide en dos grupos culturales: África del Norte y África Subsahariana. La primera tiene fuertes lazos con Medio Oriente, mientras que la segunda comparte características históricas, físicas y sociales, y son muy distintas a las del Norte de África. Un ambiente hostil contribuyó a la formación de distintos lenguajes, cocinas y estilos musicales entre estas lejanas poblaciones.

 


Heiligendamm, en Alemania. / Pixabay

Otra interesante división de culturas reciente (o algo similar) es la que propone Samuel Hutington en el Choque de Civilizaciones (1996), incluyendo factores políticos, sociales y religiosos relacionados a los años de la Guerra Fría. Inspirado en los textos de historiadores como Arnold J. Toynbee y Carroll Quigley propone una división de nueve civilizaciones:

▶ Subsahariana
▶ Latinoamericana
▶ Sínica
▶ Hindú
▶ Budista
▶ Nipona
▶ Occidental
▶ Ortodoxa
▶ Islámica

Sin embargo, estas dos últimas, si bien son exhaustivas a nivel político, religioso y geográfico, no consideran otras poblaciones como las indígenas, tanto las indo-americanas, asiáticas, africanas, europeas y océanicas, acaso por su poca participación en los conflictos globales de la segunda mitad del siglo XX.

Si uno retrocediera tan solo cinco siglos, la importancia de estas, sería mayor, dada su crucial participación durante la expansión mundial de las coronas española y británica, por poner solo dos ejemplos.

▶ Culturas indígenas: el vocablo proviene del latín, y alude a lo que es relativo a la población originaria de un territorio que habita, cuyo establecimiento prolongado y estable precede al de otros pueblos. Generalmente esta cultura es variopinta de acuerdo a su ubicación geográfica, aunque tienen en común: pertenecer a tradiciones organizativas distintas al estado moderno; y pertenecer a culturas que sobrevivieron a la expansión planetaria de la civilización occidental. Generalmente constituyen grupos dentro de uno o más estados nacionales de corte europeo, y “lo indígena” hace referencia a un remanente pre-europeo. Los indígenas están por todo el planeta y son muy diversos: en Siberia, en América, o en Australia (en este último país se les llama aborígenes). Ciertas culturas pre-europeas como la china o la egipcia, no suelen considerarse indígenas.

Así las cosas, la cultura nos deja una sensación de permanente movimiento. Pero…¿de qué hablamos cuando nos referimos a la cultura en medio de la revolución tecnológica? En la siguiente entrega de este artículo partido en dos, hablaremos sobre la cultura de cara al presente y futuro.

 

 


Daniel Meza
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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