El conocimiento como motor económico y político [OPINIÓN]

Liu Yang, la primera mujer china en el espacio. Wikimedia Commons 

Nuestro país sigue teniendo como principal motor para el crecimiento económico la exportación de materias primas, modelo económico que al final de cuentas nos hace muy vulnerables porque dependemos del precio de estas, así como a los conflictos internos para lograr la viabilidad de su extracción o impulsar su fortalecimiento para hace sostenible su explotación comercial.

Sin embargo, no sólo se trata de hacer viables proyectos mineros o lograr sostenibilidad para la producción de productos agroindustriales, se trata de ver cuáles han sido las prácticas que han tenido otros países. Podemos aprender de sus errores e intentar replicar sus éxitos, extrapolándolos a nuestra realidad; y empezar a preocuparnos no solo por el tan ansiado “crecimiento económico”, sino también por el “desarrollo de nuestra sociedad”. 

El camino chino 

Ahí, justamente, entra a tallar el artículo de Shellen Wu publicado en Nature. El 1 de octubre se celebraron los 70 años de la fundación de la República Popular China, país que hoy es una superpotencia y que ha llegado a dicha posición gracias a “la creencia inquebrantable en la ciencia como un sendero a la riqueza y al poder”.

Setenta años de vida como república, pero 150 años de esfuerzo constante basado en la promoción del estudio de la ciencia y al desarrollo tecnológico. Esto les ha permitido tener avances y reconocimientos importantes en campos tan variados como la geología, agricultura, física, biología, genética, medicina, y un largo etcétera que incluye las ciencias aeroespaciales, la IA y las telecomunicaciones.

China, propiedad
China ha abrazado la innovación y la tecnología como parte del proyecto para llevar bienestar a sus ciudadanos
Pexels
 

“China avanza rápidamente con una firme creencia en su condición de superpotencia científica”, y se ve cómo las medidas políticas adoptadas durante los últimos 150 años han venido dando sus frutos.

A raíz del aniversario, en las calles de China se apreciaron carteles y exhibiciones públicas que celebraban el desarrollo científico, desde las ciudades más importantes hasta los campos más alejados. En las librerías, la ciencia ficción es el género de moda y según Wu, la nación asiática cuenta con laboratorios bien financiados y tecnologías de última generación provenientes de diferentes países en distintos campos de acción.

El conocimiento como motor económico

Mi reflexión apunta a que debemos entender las políticas orientadas al fortalecimiento de una nación mediante la Investigación y Desarrollo de proyectos en ciencia y tecnología y a la innovación y al emprendimiento (I+D+i+e).

No pretendo proponer que se cierren las fronteras y se empiece a desarrollar toda la tecnología que demanda la industria en el Perú, y a obligar a las grandes empresas a comprar dicha tecnología. Eso es un error que otros países ya lo han practicado, y que puede ser tema de otro artículo.

Lo que busco con mi reflexión es a mirar las buenas prácticas en impulsar el I+D+i+e, y cómo toman importancia en el desarrollo de un país si son impulsadas desde el ámbito político. Por ello, necesitamos de autoridades elegidas que cuenten con un enfoque en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) que apoyen tanto a las grandes empresas como las medianas y pequeñas.

Este esfuerzo en conjunto permitirá un sector privado fortalecido y que proveerá de tecnologías, logrando así, el crecimiento y desarrollo que necesita nuestro país.   


Exportaciones chilenas de soluciones tecnológicas aplicadas a minería. Perú es el primer consumidor de tecnología hecha en el país sureño
Fuente: ProChile, Ministerio de Relaciones Exteriores, 2018

Sueño con un país que pueda desarrollar tecnología, como China o sin ir tan lejos, como Chile. Países que han logrado obtener ventajas y reconocimiento mediante la aplicación de I+D+i+e en determinadas tecnologías, y que siguen abiertos a la globalización para integrar a sus soluciones aquellas tecnologías desarrolladas en otros países.

Un ejemplo de esto es que para solucionar problemas mineros actualmente se usan equipos provenientes de Alemania y componentes o procesos desarrollados en Chile y provistos por empresas proveedoras chilenas. Porque al final de cuentas, la innovación no solo se da en productos, sino también en procesos, servicios, etc.

¿Para ello necesitamos 150 años como China? No. Chile ha logrado el desarrollo de sus emprendedores e industria interna con programas en I+D+i+e impulsados de forma conjunta por el gobierno, las empresas privadas y universidades. Todo este proceso se inició hace 20 años y hoy ya tienen empresas proveedoras de tecnologías reconocidas a nivel mundial.

Así que, manos a la obra, y empecemos a involucrar a más científicos e investigadores en la toma de decisiones. Especialmente ahora que estamos ad portas de un proceso de elección de autoridades.

 

Orson Lazo Pazce, investigador e ingeniero mecatrónico, en proceso de culminación de maestría en Gestión y Políticas de la Innovación y la Tecnología, colaborador junior especializado en tecnología e innovación del Club N+1 para la Popularización de la Ciencia
Esta noticia ha sido publicada originalmente en 
N+1, ciencia que suma.

Sobre N+1: Es la primera revista online de divulgación científica y tecnológica que permite la reproducción total o parcial de sus contenidos por medios de comunicación, bloggers e influencers, realizando la mención del texto y el enlace a la web: “Esta noticia ha sido publicada originalmente en la revista N+1, ciencia que sumawww.nmas1.org”. 

 

Cláusula de Divulgación

Orson no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá de la profesión académica citada.

 

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