La Guerra de la Ciencia: un intercambio para abordar el conocimiento [OPINIÓN]

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¿Existe objetividad en la ciencia? ¿Es el conocimiento científico una narración inventada para coaccionar y someter diferentes culturas? ¿Existen verdades relativas o verdades absolutas? ¿Cómo se debe abordar el conocimiento? ¿El lenguaje es tan fuerte que “contamina” las afirmaciones del saber científico volviéndolo relativo? Estas preguntas y las diferentes respuestas que les brindan las ciencias duras y sus filósofos por un lado, y por otro, los filósofos y científicos sociales, fueron los desencadenantes de un episodio que se suscitó durante los años 90 en los Estados Unidos: la Science Wars o Guerra de las Ciencias.

¿Qué fue la Guerra de las ciencias? Fue un intercambio de opiniones y críticas entre dos enfoques diametralmente distintos para abordar el conocimiento: el realista, continuador de la modernidad y de la Ilustración que considera la existencia de verdades objetivas y universales; y la visión postmoderna según la cual la realidad es inaccesible, las verdades son relativas y la modernidad es la culpable de los tantos males efectuados a la humanidad, a la naturaleza y a las culturas no occidentales.

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Para los físicos Alan Sokal y Jean Bricmont, tal cual detallan en su obra Imposturas Intelectuales, uno de los pensadores cuyo trabajo aportó al surgimiento del movimiento Posmoderno fue Thomas Kuhn. Específicamente en su libro La Estructura de las Revoluciones Científicas. En dicha publicación, Kuhn presenta un análisis histórico de la ciencia en el que incluye la idea de los paradigmas científicos, enfoques que son reevaluados y superados cada cierto tiempo tras el descubrimiento de nuevos datos.

Hasta ahí, la idea es bastante intuitiva y acertada, no obstante, el detalle que abre las puertas al relativismo es la noción de inconmensurabilidad de los paradigmas. Esta indica que las teorías científicas basadas en algún paradigma (enfoque) condicionan y limitan nuestra experiencia y medición de los hechos, por ello, el cambio de un paradigma científico a otro se debe básicamente a la introducción de nuevas perspectivas que nos harán ver el mundo de manera distinta, y no a asuntos experimentales o empíricos.

Si bien el trabajo de Kuhn, por sí solo, no gestó al posmodernismo, jugó un rol importante, ya que, al sumársele las propuestas continuadoras del pensamiento romántico, del tradicionalismo y ciertas críticas políticas y sociales, la incubadora para esta nueva visión con la que ver el mundo estuvo completa.

La ofensiva empieza 

Una de las primeras y más conocidas críticas al posmodernismo la hicieron Paul Gross y Norman Levitt en su libro “Higher Superstition: The Academic Left and its Quarrels with Science”. En aquel texto defendieron el realismo y atacaron la escasa comprensión de la ciencia que poseía la que llamaron Academia Izquierdista, así como su comunión con los enfoques posmodernos que inundaron las universidades norteamericanas como la hermenéutica, el feminismo radical, el constructivismo social y el relativismo cultural.

Gross y Levitt cuestionaron también las afirmaciones de autores posmodernos norteamericanos como Stanley Aronowitz, Andrew Ross, Simon Schaffer y Sandra Harding para quienes la ciencia es opresora y que, para no serlo, debería compartir espacios con “otras formas de conocimiento” ajenas a su metodología.

Naturalmente, tras semejante arremetida la respuesta no se hizo esperar. En el verano de 1996 se publicó el volumen número 14 de la revista de divulgación de ciencias sociales de la Universidad de Duke, Washington, Social Text, titulado Science Wars. La revista dirigida por Andrew Ross era conocida por su orientación posmoderna ya que centraba su atención a estudios socio-culturales de postcolonialismo, feminismo, marxismo y demás temas afines.

En este número, diferentes académicos posmodernos arremetieron contra el libro de Gross y Levitt y defendieron una postura según la cual la ciencia era una empresa autoritaria que representa solo una de las tantas formas válidas de conocer (Sarah Franklin); una Institución machista, capitalista y totalitaria responsable de los desastres de Chernobyl e Hiroshima; y una gran y única narrativa falsa y arrogante, propia del orgullo masculino, que busca controlar la naturaleza (Joel Kovel).

Gravedad cuántica... ¿irreal? 

Para agravar aún más las tensiones, ese mismo año la revista Social Text publicó un artículo titulado “Transgressing the Boundaries: Towards a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity”. El físico Alan Sokal, autor del texto, denunció la intención de dominación de la ciencia encubierta bajo el velo de objetividad y expuso con manifiesto discurso posmoderno un rechazo a la existencia de la realidad por sí misma ya que esta, la gravedad cuántica específicamente, era una construcción únicamente social.

Para ello, Sokal empleó términos propios del oscuro lenguaje posmoderno y recurrió al relativismo radical para dictar afirmaciones tales como que la gravedad debe ser percibida en su historicidad ineluctable (sic) al aplicar la lógica de Derrida sobre las ecuaciones de campo de Einstein. Dicho artículo finalizó con un llamado a lograr una ciencia liberadora que escape del autoritarismo de la ciencia moderna, de las matemáticas patriarcales y capitalistas, y, sobre todo, de la tiranía de las verdades objetivas y absolutas.

Algunos meses después, Sokal publicaría un artículo en la revista Lingua Franca en el que revelaría que su ensayo sobre la Hermenéutica de la Gravedad Cuántica fue un experimento para demostrar la decadencia del círculo académico de humanidades en Estados Unidos. Para ello recurrió a la redacción de un texto repleto de sinsentidos y cargado de sesgos ideológicos que eran compartidos por los editores de la revista Social Text y que evidentemente atentaban contra la objetividad científica y la filosofía científica. Este evento sería conocido como el escándalo Sokal (Sokal Affaire).

Tras dicha afrenta, la revista Social Text se negaría a publicar el artículo de Sokal en el que daba cuentas de las razones por las que realizó aquel experimento social, y publicaría un libro titulado Science Wars en el que se podrían hallar las respuestas al libro de Gross y Levitt, además de nuevos ensayos de respaldo para la postura de la revista.

El conflicto no acabaría ahí, sino que recrudecería. Sokal y Bricmont, por su parte, un año más tarde, publicarían un libro titulado Imposturas Intelectuales en el que criticarían el abuso de conceptos científicos sin conocimiento previo de parte de diversos filósofos franceses.

Ese mismo año, 1997, en el diario Le Monde el filósofo posmoderno Jacques Derrida arremetería contra los autores al tildarlos de “faltos de seriedad”. Días después los autores le responderían con una carta aclaratoria en el mismo diario. La publicación del libro “La Construcción social de ¿Qué?” del filósofo Ian Hacking también se sumaría al debate.

La Guerra de Ciencias siguió por algún tiempo en conferencias, publicaciones y ataques indirectos en entrevistas periodísticas. Personajes como Thomas Nagel, Paul Boghossian y John Searle se sumarían más tarde a la discusión.

Finalmente, aunque hubo algunos intentos por conciliar las diferencias, la Guerra de las Ciencias fue un episodio del que poco a poco se dejó de discutir y del que los involucrados, dejaron de comentar. No obstante, aunque pareciera un hecho aislado, este suceso no fue sino parte de una contienda que se libra en el mundo académico e intelectual desde hace mucho tiempo atrás. Una continuación del conflicto desatado entre los oscurantistas y los promotores de la razón, un conflicto que ha estado presente desde siempre en la historia de la humanidad.

 

Piero Gayozzo es Colaborador Especializado del Club N+1 para la Popularización de la Ciencia. Fundó y actualmente es Sub-Director del Instituto de Extrapolítica y Transhumanismo (IET). Escribe sobre la Cuarta Revolución Industrial para el IET y es investigador autodidacta de filosofía de la ciencia y de la tecnología. Llevó estudios de ingeniería industrial en la Universidad de Lima. 


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Piero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá de la profesión académica citada.

 

Referencias usadas para este artículo

▶ Bricmont, Jean & Sokal, Alan. Imposturas Intelectuales. Ed. Paidós. Barcelona. 1999.
▶ Gross, Paul & Levitt, Norma. Higher Superstition. The Academic Left and its Quarrels with Science.Ed. Ed. John Hopkins University Press. Baltimore. 1998.
▶ Sokal, Alan. Transgressing the Boundaries: Towards a Tranformative Hermeneutic of Quantum Gravity. New York University. 1995.
▶ Ross, Andrew. Science Wars. Ed. Duke University Press. Durham y Londres. 1996.

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