La Guerra de la Ciencia (parte VII): la Nueva Ilustración… ¿Oscura? [OPINIÓN]

El siglo XXI pareciera ser la centuria de los grandes avances tecnológicos: ingeniería genética, nanomateriales, nuevas campañas de exploración espacial, bio-impresión de órganos, prótesis inteligentes y computadoras cuánticas.  Sin embargo, en los últimos años el descontento social ha ido in crescendo con respecto a los gobiernos y a la práctica política. Las últimas protestas alrededor del mundo podrían servir de evidencia de que cierto sector de la población no aprueba los manejos de sus respectivos gobiernos.

Si a ello le agregamos que diversos ecosistemas son afectados negativamente por la actividad industrial, que poblaciones nativas de ciertos países ven vulnerados sus derechos por la intromisión de empresas extractivas, que existen todavía conflictos armados en ciertas regiones (Medio Oriente) y que las diferencias tribalistas, la intolerancia y el nacionalismo se hacen más notorios debido a las olas de migrantes o la convivencia multicultural en algunos países (India, Estados Unidos, Islamofobia en Europa, etc.) pareciera que el progreso se vuelve una ilusión, una fachada.      

Nos hallamos en un escenario en el que tanto el optimismo como el nihilismo se manifiestan. Por un lado, la Singularidad Tecnológica descrita por Kurzweil y Yudkowski asume la llegada de un progreso infinito gracias al desarrollo de máquinas súper-inteligentes, mientras que en la otra trinchera, algunos como el pensador de extrema derecha Guillaume Faye se atreven a profetizar que en los próximos años la convergencia de catástrofes revertirá todo el progreso social hasta llegar a un estadio en el que una Nueva Edad Feudal se manifieste.

¿Es acaso que el progreso se ha estancado, o hemos iniciado una regresión en nuestro avance? ¿Será que nos avecinamos al fin de la Modernidad? Una vez más el conflicto entre la razón y la reacción se manifiesta en un enfrentamiento ideológico profundo.  

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La derecha alternativa Internacional

Herederos del romanticismo y del pensamiento fascista, la intelectualidad posmoderna ha nutrido la reacción conservadora de Extrema Derecha. Partidos como el Frente Nacional en Francia y el Partido de la Libertad de Austria disputan el acceso al poder en sus países, mientras que otros como el FIDESZ en Hungría, Ley y Justicia en Polonia, el Partido Popular Indio o la Alianza por Brasil han podido consolidarse en el poder. Quizás, su inspiración provenga de la elección de Trump y su lema “Make America Great Again”.

Lo cierto es que la articulación a nivel internacional de colectivos y grupos simpatizantes de estos partidos ha permitido la visibilidad de un movimiento decidido a impulsar la retórica populista, tradicionalista y conservadora una vez más. 

Editoriales como Arktos en Inglaterra, Nueva República en España o Akribeia en Francia son algunas de las más conocidas distribuidoras del pensamiento post-fascista o de la derecha alternativa en Europa. Sus colecciones reúnen autores que van desde los clásicos fascistas Brasillach, Codraneu, Mussolini, DeGrelle y Hitler, los conservadores, Oswald Spengler y Julius Evola, hasta los ideólogos de la Nueva Derecha Internacional (Cuarta Teoría Política) como Alain de Benoist, Alexander Dugin y Guillaume Faye.

Su influencia no se limita únicamente a editoriales, sino también a medios web como Metapedia (la versión ultraderechista de Wikipedia) el foro AltRight, la página de ensayos pseudocientíficos sobre antisemitismo The Occidental Quarterly, la web neo-nazi Daily Stormer y una gran cantidad de blogs supremacistas de internet. Todos albergan a un grupo articulado de comunidades y personas simpatizantes del romanticismo, del nacionalsocialismo, de la posmodernidad, supremacistas blancos y defensores de la teoría de “la conspiración judía mundial”.

Estos fenómenos e iniciativas son parte de la Derecha Alternativa Internacional, un movimiento que reúne un conjunto de grupos e individuos que operan principalmente en Internet para hacer frente a la vulneración que la globalización, el multiculturalismo, el igualitarismo y la “falsa idea del progreso” han hecho a la identidad y la población blanca, principalmente. Este movimiento renueva ciertos valores tradicionales para ofrecer una alternativa al conservadurismo clásico que pueda frenar la “nefasta” globalización.

Organizacionalmente se trata de una constelación de grupos sin una dirigencia única, pues está articulada por distintos representantes como la Nueva Derecha Europea (Benoist, Faye, Dugin), la Derecha Alternativa Americana (Richard Spencer, Jared Taylor), los movimientos identitarios nacionalistas internacionales y una legión de trolls de Internet. Estos grupos amparan su retórica populista y autoritaria en la reacción de ciertos sectores a los cambios culturales provocados por la inmigración.

Lo interesante es que al exponer sus argumentos estos colectivos no se preocupan por camuflar sus expectativas y anhelos. Luchan abiertamente por la predominancia, existencia y cuidado de la raza blanca, la xenofobia, el nacionalismo, la desigualdad, critican el mestizaje y detestan el pensamiento Ilustrado-Humanista.  Incluso, algunos de sus representantes políticos han atentado contra el desarrollo de la ciencia y en ocasiones se han mostrado escépticos a problemas mundiales como el calentamiento global.

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La Ilustración Oscura

Dos de los miembros más conocidos de la neorreacción de extrema derecha, Nick Land y Curtis Yarvin [1], han plasmado sus ideas en una serie de artículos de blog del que se ha desarrollado un nuevo ideal “ilustrado”: la Ilustración Oscura. Como antagonista de los valores humanistas e inspirado en Yarvin (defensor de la esclavitud), Nick Land en su ensayo The Dark Enlightenment condena la modernidad como un fenómeno con tendencia a la degeneración y a la auto-destrucción. Por ello, cree importante un llamado hacia un despertar de los valores políticamente incorrectos, hacia la renovación de ideas que hoy son consideradas sacrílegas por lo que denomina la “religión del humanismo universalista”. Un despertar hacia una Ilustración con tintes prohibidos, oscuros, una Ilustración Oscura.

Desde este enfoque, la Ilustración Oscura “brillaría” (¿u oscurecería?) por poner en evidencia la falsedad del progreso, la mentira del igualitarismo y lo nefasto de la democracia, valores propios de una ideología promovida por una maquinaria autoritaria camuflada en lo políticamente correcto. Influenciado por el postmodernismo de Deleuze, Land propone un aceleracionismo del capitalismo hacia un punto fascista” que se muestra a favor de una nueva forma de nacionalismo blanco que se aleje del pensamiento nazi y que profundice en la eugenesia genética para las élites, así como la vuelta a una nueva forma de feudalismo internacional representada por corporaciones (neo-cameralismo).

La Ilustración Oscura, si bien no es compartida al pie de la letra por todos los movimientos de la Derecha Alternativa Internacional, sí reúne la crítica a la democracia, a la igualdad y a la globalización que le es común a todos los grupos de esta corriente.

De alguna manera, la Derecha Alternativa Internacional trae consigo, de manera renovada, una vez más los valores de la Contra-Ilustración, del Fascismo y del Postmodernismo. Caracterizado por el nacionalismo, el proteccionismo, el heroísmo romántico, el autoritarismo, el relativismo cultural, el caudillismo, el tradicionalismo y el racismo, la Ilustración Oscura, como metáfora, describiría a la perfección el deseo de que la irracionalidad nos gobierne una vez más. 

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Hacia una Nueva Ilustración

Para frenar el avance del oscurantismo una nueva ilustración es necesaria. La revalorización y la actualización de los ideales Ilustrados como anhelos propios del raciocinio del hombre deben ser una vez más articulados por quienes creen aún en la razón, la ciencia, el humanismo, la democracia y el progreso. Al menos esta es la postura de un grupo de intelectuales que han dedicado su trabajo a rubros tan diversos que van desde la filosofía hasta las neurociencias.

El filósofo norteamericano y padre del Humanismo moderno, Paul Kurtz, emprendería esta lucha algunas décadas atrás. Reunió una serie de intelectuales defensores de la Ilustración con los que pregonó la necesidad de respetar y fomentar el desarrollo de las ciencias, el cuidado de las libertades individuales y una postura social humanista que recurra al uso de las ciencias y la racionalidad para crear una democracia integral. Se sumarían a dicho llamado el historiador Theodor Tzvetan y el psicólogo Steven Pinker.

¿Por qué una nueva Ilustración? Gracias al conocimiento científico hoy sabemos que no existen razas humanas, sino una sola especie; que la naturaleza y la entropía nos son adversas y que podemos dominar ciertos espacios y materiales para maximizar nuestro bienestar; que para ser personas felices requerimos de ciertas condiciones básicas y olvidarnos del maltrato físico y psicológico; que la cultura y la superstición no gobiernan sobre nuestra razón. Es por esto que el Humanismo y los valores de la Ilustración parecen ser no una serie de ideas a considerar por mero capricho, sino una filosofía consecuente con el grueso de conocimiento científico disponible.

Aunque queden cuestiones que la ciencia no haya respondido aún, esto no debe desalentarnos a confiar en ella, pues siempre recurrimos a sus inventos y productos tecnológicos para resolver nuestros problemas.

¿Por qué pese a que conozcamos los desastres de la guerra, los horrores de la esclavitud, la discriminación y la sangre vertida en Auschwitz, hay quienes siguen renegando de la razón y de la Ilustración? ¿Por qué hay personas que siguen colocando su interés personal y su hambre de poder o el ideal nacionalista por encima del ideal humanista? ¿Por qué en lugar de proseguir los ideales ilustrados existen quienes se empecinen en negar el progreso y darle la contra? Una razón para el radicalismo nacionalista o religioso es la escasa flexibilidad cognitiva de sus promotores.

Es posible que hayan otras causas de por medio, pero lo cierto es, como diría Harari, que hemos llegado a este nivel de bienestar con la suma de pequeñas acciones; de misma manera, por medio de pequeñas acciones podríamos volver a tiempos de barbarie. Por ello, pese a que en esta Guerra de las Ciencias algunos opten tristemente por enarbolar la Ilustración Oscura, la razón no debería dejar de empujarnos hacia la promoción de una verdadera ilustración, una comprometida con la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso. 

 

 

Piero Gayozzo es Colaborador Especializado del Club N+1 para la Popularización de la Ciencia. Fundó y actualmente es Sub-Director del Instituto de Extrapolítica y Transhumanismo (IET). Escribe sobre la Cuarta Revolución Industrial para el IET y es investigador autodidacta de filosofía de la ciencia y de la tecnología. Llevó estudios de ingeniería industrial en la Universidad de Lima. 

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Cláusula de Divulgación

Piero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá de la profesión académica citada.

Notas.

[1] Como curiosidad, el neorreaccionario Curtis Yarvin tuvo una start-up (Urbit) financiada por Peter Thiel. Este magnate también le confió la dirección del Machine Intelligence Research Unit a otro conocido bloguero de la comunidad alt-right Michael Anissimov.

Referencias usadas en este artículo:

▶ Kahhat, Farid. El Eterno Retorno. La derecha radical en el mundo contemporáneo. Ed. Planeta. Lima. 2019.  

▶ Land, Nick. The Dark Enlightenment.

▶ Mulhall, Joe; Lawrence, David & Murdoch, Simon. The International Alternative Right. From Charlottesville to the White House. Ed. Hope not Hate Ltd. Reino Unido.

▶ Hermansson, Patrik; Lawrence, David; Mulhall, Joe & Murdoch, Simon. The International Alt-Right: Fascism for the 21st Century? Routledge. 2020.

▶ Pinker, Steven. En defensa de la Ilustración. Ed. Paidós. Barcelona. 2018.

▶ Kurtz, Paul. Toward a New Enlightenment. Ed. Transaction Books. Estados Unidos. 1993.

 

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