Las curiosas habilidades derivadas de la sinestesia

 

El cerebro humano es capaz de proezas extraordinarias. Para algunos, todavía no estamos sacándole partido al rendimiento potencial que posee, mientras que para otros, lo que hace falta es profundizar más en su estudio. Precisamente el estudio de la neurociencia nos ha llevado, históricamente, a hallazgos sorprendentes. Entre ellos, el del fenómeno conocido como sinestesia. 

¿Pero, qué es la sinestesia?

Algunos científicos la definen como una rareza neurológica que se manifiesta como una percepción sensorial anómala, lo que implica una conexión no habitual entre distintos módulos sensoriales de nuestro cerebro. De esta forma, las percepciones de un sentido hacen que se activen sensaciones propias de otros. En un artículo anterior ya hablamos de esta característica y del peso de la genética en su origen.

Un buen ejemplo de este fenómeno sería, por ejemplo, la cromestesia: un tipo de sinestesia en el cual los sonidos evocan experiencias de color, forma o movimiento. Dentro de los ilustres representantes de la cromestesia tendríamos al reconocido pintor Wassily Kandinsky, al que esta habilidad ayudó en su obra, a la que introdujo, según diversos expertos en la materia, una gran musicalidad. De hecho, Kandisnky expresó, tras disfrutar de una ópera de Wagner, haber visto todos los colores mentalmente.

Y ya que hablamos de músicos, la sinestesia se ha vinculado en numerosas ocasiones al compositor ruso Nikolái Rimski-Kórsakov, del que se ha dicho que tenía la capacidad de asociar a cada sonido o nota musical un color en concreto. A otros notables compositores, como Oliver Messiaen o Alexander Scriabin también se les atribuyen capacidades similares relacionadas con la sinestesia; incluso, Scriabin y Kórsakov llegaron a conversar sobre ello.  

No todo es cromestesia

Tal vez uno de los casos más populares de la actualidad sea el de Daniel Tammet. Este matemático inglés de 41 años posee habilidades sinestésicas que se consideran fuera de lo normal; los números se representan en su mente como colores y sensaciones, lo que hace que pueda realizar complejas operaciones matemáticas casi instantáneamente; por otra parte, mantiene el récord europeo de recitar decimales de Pi: 22.514 dígitos durante cinco horas. También habla 11 lenguas y es capaz de aprender una nueva en una semana.

Tammet, además de haber escrito un libro con sus propias experiencias, protagonizó un documental sobre sus habilidades y su día a día; en dicho programa, se le planteó el reto de aprender islandés en una semana, y se puso a prueba sus capacidades en un viaje a Las Vegas para participar en partidas de Blackjack; allí, en el epicentro mundial de los casinos, (aunque a día de hoy sea más sencillo practicar el Blackjack desde el móvil) encontró a diversos aficionados a los que dejó atónitos con su don.

Otros notables ejemplos

Como hemos podido comprobar, la sinestesia aporta ciertas ventajas creativas, memorísticas o de cálculo, por ejemplo. No es extraño, por tanto, y más considerando que un 1% de la población puede desarrollar esta anomalía, que encontremos más ejemplos al respecto.

Uno de los casos es el de Stephen Wiltshire, que tras sobrevolar menos de una hora Roma fue capaz de plasmarla en un dibujo con todo tipo de detalles. O el de Kylee, una joven tejana que muestra un curioso tipo de sinestesia (“el toque espejo”) que le permite sentir el movimiento de las máquinas sin tocarlas.

Respecto a artistas de renombre, hay fuentes que apuntan a que cantantes como Lady Gaga, Kanye West, Pharrell Williams, Jimi Hendrix o incluso el mismísimo Stevie Wonder poseen este tipo de habilidades. Y en todos los casos, esta mezcla sensorial habría influido en su forma de componer o interpretar la música.

Por lo tanto, no hablamos de hechos anecdóticos, sino de diversos casos conocidos y de los que, probablemente, descubramos más con el paso de los años. Quién sabe qué nuevas creaciones nos aportarán los sinestésicos al resto de los mortales, ya sea en el campo de la creatividad, de la ciencia o en otras disciplinas.

Ulises Lima
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Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma
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