Hace menos siglos de lo que parece, había científicos que aseguraban que estudiar reducía los ovarios. Esta idea es bastante más que una simple anécdota de lo que un día fue la medicina: sostenían que las actividades intelectuales aumentaban el cerebro, y en el caso de los pequeños órganos de las mujeres, este crecimiento se tenía que compensar disminuyendo los ovarios, y siendo parir el principal cometido en la vida de una mujer, estudiar se reservaba para las cabezas diseñadas para ese propósito: las de los hombres.

Ciencia enferma de machismo

Invisibilización de la mujer y sesgos de género en la investigación científica